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¿Cómo contar historias interesantes?

Realizado entre el 8 y el 12 de mayo de 2023, el taller Logan de prácticas investigativas dio herramientas y trucos para navegar con éxito los desafíos del reporteo, evaluar y mitigar los riesgos del oficio, trabajar en el análisis y visualización de bases de datos y ejercer la profesión con ética.



Hacer periodismo de investigación en América Latina se ha vuelto tan desafiante como imprescindible. El contexto de la región se ha transformado en los últimos años y, frente a él, surgen preguntas incómodas: ¿cómo volver un tema importante en una historia interesante?, ¿cómo encontrar un enfoque innovador para potenciar el reporteo?, ¿cuáles son las mejores formas de proteger la información y las fuentes?, ¿qué prácticas y habilidades son necesarias en escenarios riesgosos? 


Realizado entre el 8 y el 12 de mayo de 2023, el taller Logan de prácticas investigativas dio herramientas y trucos para navegar con éxito los desafíos del reporteo, evaluar y mitigar los riesgos del oficio, trabajar en el análisis y visualización de bases de datos y ejercer la profesión con ética.


Convocado por la Fundación Gabo en alianza con el Centre for Investigative Journalism (CIJ) y el Centro Latinoamericano de Periodismo de Investigación (CLIP), y con el apoyo de The Reva & David Logan Foundation, en el taller virtual participaron 16 periodistas de América Latina. Sus propuestas de investigación abordaron casos de corrupción, desapariciones forzadas, el impacto ambiental causado por desarrollos inmobiliarios, migraciones y tráfico de piezas arqueológicas, entre otros. Además de los cinco encuentros, los participantes tuvieron clínicas personalizadas para trabajar dudas y problemas sobre sus propuestas. 


La primera sesión estuvo a cargo de María Teresa Ronderos, directora de CLIP, quien dio recomendaciones sobre la calidad y ética en la verificación de datos, así como consejos generales para hacer una investigación periodística. En el segundo encuentro Rigoberto Carvajal, máster en tecnologías de bases de datos,  explicó algunas premisas básicas sobre la seguridad digital antes, durante y después del reporteo. Mago Torres, periodista y académica, dio claves para confeccionar, analizar y visualizar bases de datos. En el penúltimo encuentro, Óscar Martínez, periodista y jefe de redacción en El Faro, compartió algunas buenas prácticas para el reporteo y la escritura de un trabajo de largo aliento. Finalmente, el periodista y académico Irving Huerta expuso los principales debates acerca de qué implica investigar con ética. 


De la idea al prerreporteo

Ronderos explica que una investigación periodística siempre busca prender las alarmas sobre un abuso de poder y mostrar cómo funciona. En este punto despeja un malentendido recurrente: “Una filtración no es periodismo de investigación; es apenas el comienzo. Porque investigar implica tener datos duros, hacer una búsqueda sistemática y profunda para encontrar evidencias. Y, principalmente, develar un secreto que alguien quiere esconder”.


El primer paso es formular una pregunta inicial y, a medida que se avanza, pulir el foco de la investigación. Ronderos recomienda pelear contra los propios prejuicios y tratar de suspender los sesgos que se puedan tener sobre el tema. Por eso, antes que tener respuestas provisorias, dice que es mejor enfocarse en el interrogante que queremos develar. A la hora del pre reporteo, de hacer archivo y leer qué se ha publicado al respecto, da una serie de consejos para trazar un primer plan eficaz.


Para conocer el mundo de nuestra investigación hay que empaparse. Y para hacerlo hay que leer evitando los atajos de resúmenes o lecturas diagonales. Ensayos, reportajes, documentales, textos académicos: consumirlo todo, aunque después no todo sirva para nuestra investigación.


Un mapa y una brújula

Del uso de fuentes abiertas a la petición de información, de los informes académicos a los sitios especializados, la búsqueda puede volverse caótica: clics interminables, ventanas abiertas sin leer y una inmensa cantidad de sitios recorridos que generan la misma sensación que tiene Alicia cuando cae en el agujero que la lleva al País de las Maravillas. ¿Cómo hacer para no perderse ante tanto material? Una buena estrategia es registrar en una tabla las páginas, fechas y descripciones mínimas de lo recorrido. Un hilo de Teseo que ayude a volver a la información recolectada de manera sistemática. Entre los distintos tipos de fuentes a los que recurrir, Ronderos repasa: 


  • Imágenes satelitales: Google Earth permite conocer en detalle el lugar de la investigación. A escala humana se puede conocer el territorio, recorrer las calles e identificar el contexto edilicio.

  • Fotografías: la búsqueda y el chequeo de imágenes es siempre ardua. Utilizar Tiny Reverse Image Search, InVID o WeVerify permite, según sea el caso, averiguar la fecha de publicación, los créditos, el link original y su autenticidad.

  • Chat GPT: el aliado de moda brinda mucha información y de forma ordenada. Sin embargo, hay varias advertencias para su uso. Primero, conviene siempre preguntar en inglés, pues en ese idioma se encuentran más resultados. Segundo, en algunos casos puede dar datos erróneos. Por eso, una buena forma de utilizarlo es preguntar cuáles son las mejores fuentes para consultar. Así, Chat GPT puede convertirse en un gran facilitador de fuentes e ideas. 

  • Expandir las fuentes y encontrar un lazarillo: recurrir a fuentes documentales de organizaciones de derechos humanos, ONGs y de la sociedad civil, consultar a miembros de la academia, pero también a entidades de la Justicia, Ministerios, Fiscalías, Consejos de Estado. Y finalmente, las búsquedas en redes sociales, que siempre deben realizarse utilizando los términos en los que hablan los usuarios de la red. Después de aprender los detalles del territorio, de hablar con especialistas, organizaciones, de confeccionar un listado de posibles fuentes, el último paso del prerreporteo es identificar a alguien que actúe como lazarillo: una persona con la que se pueda conversar en confianza y que conozca el terreno. “Saber seleccionar con quién hablar es un gesto de comprensión inicial. Lograr una conversación franca al llegar al terreno es el primer objetivo del prerreporteo”, dice Óscar Martínez.

 

Trabajar con las bases de datos

La periodista Mago Torres explica que hay tres caminos posibles para el trabajo con datos: analizar una base completa, confeccionarla en función de otras que estén en diferentes formatos o construir una desde el principio. En cualquiera de los casos, Torres destaca una serie de aptitudes para desarrollar y facilitar la tarea.


Curiosidad: así como el interés en la búsqueda de archivos lleva a caminos impensados y acrecienta el conocimiento sobre un tema, lo mismo sucede con la investigación de datos.  En ese proceso hay dos momentos: en el primero se abre el foco del lente para incorporar una gran lluvia de temas y enfoques interesantes. Luego toca elegir uno o dos, pensando en la disponibilidad de tiempo, recursos y los objetivos de la investigación.


Paciencia: establecer relaciones con nuevas fuentes lleva tiempo. Lo mismo sucede con las solicitudes de información pública o la búsqueda de informes. Los tiempos de la justicia o de la administración pública son muy distintos a los del periodismo. Pero, en la mayoría de los casos, la espera vale la pena.


Atención al detalle: tratar de descifrar bases de datos es hacer preguntas: ¿quién la creó?, ¿cuál es su metodología?, ¿qué es lo que dice y qué no dice?, ¿por qué?, ¿quiénes son afectados por esa ausencia? Hay que prestar atención al detalle y asegurarse de entender correctamente para pasar de la maraña de datos a la información simple y articulada con la narración. Y destacar la pepita de oro: aquel detalle que, bien ponderado, hace que la historia gane potencia. 


Trabajo colectivo: las investigaciones periodísticas siempre se han realizado con otros, dice Torres. La solicitud de una base, el trabajo con fuentes, una consulta metodológica implica un diálogo con terceros. Aunque el análisis de datos parezca solitario, está lleno de esfuerzos y formas de conocimiento colectivos.


Mago Torres explica que trabajar con datos implica distintas etapas. Después de su recolección y organización, siempre hay que limpiar las bases. Los datos no siempre (o casi nunca) tienen buena calidad. Forma parte de la tarea verificar y convertir una tabla enmarañada en una prolija, sin repeticiones ni vacíos. 


Una vez que las bases están despejadas, el siguiente paso es el análisis. Hay que observar detenidamente qué nos dicen los datos y trazar relaciones, comparar, interpretar. Para Torres, una buena forma de mirarlos es pensarlos como caleidoscopios: cuando cambiamos la luz a través de la cual los vemos, cambia la imagen que se proyecta. La interpretación cambia según la pregunta y la forma de observar. 


Aunque los datos sí dan información para entender y contextualizar, muchas veces no alcanzan a dar cuenta de la dimensión dramática de lo que narramos. Conectar las historias humanas detrás de las cifras es un recurso fundamental para relacionar la “gran foto” de las bases con la potencia narrativa de las vidas de nuestros interlocutores.

¿Qué datos sostienen una investigación y cuáles se pueden convertir en un producto editorial? ¿Qué herramientas conviene usar para que el trabajo sea accesible y no obstaculice la navegación? Identificar y crear la forma visual que potencie la narración forma parte de la investigación. En este punto el trabajo con diseñadores es fundamental para que la visualización de gráficos en las pantallas sea amigable, no afecte la idea de nuestro trabajo y ayude a comprender la historia. En definitiva, así como en la narrativa el cuidado en el lenguaje es regla inquebrantable, la atención en los tipos de gráficos o los colores elegidos para visualizar datos también lo es.


Cuidados y seguridad digital

Según Rigoberto Carvajal, hablar de seguridad en periodismo implica hablar de un estilo de vida que requiere preparación, conciencia, anticipación, prudencia, discreción y disciplina. Un gobierno de turno, criminales, paramilitares, cualquier actor puede volver sus ojos hacia alguna investigación y empezar una persecución. “Por eso es fundamental llevar una vida de buenas prácticas: en el momento en que uno baja la guardia se echa a perder el magnífico plan de seguridad que elaboramos”, explica. En cualquier caso, la premisa es no dejar huellas y evitar que nos rastreen. 


Las huellas que se dejan a lo largo de las investigaciones también pueden rastrearse en el mundo digital. En internet es difícil ser invisible y allí también dejamos pistas que pueden ser detectadas. Incluso en nuestras conversaciones de Whatsapp. Al respecto, recomienda que ante cada paso dado en alguna aplicación o sitio es importante revisar las políticas de seguridad.  


Para Carvajal, empezar un proyecto de investigación conlleva nuevos riesgos y desafíos para proteger a nuestras fuentes, la información y a nosotros mismos. Planificar una serie de acciones ayuda a lidiar con esos escenarios:

  • Identificar, ordenar y calcular las amenazas. Proyectar riesgos y jerarquizar cuáles son los bienes más sensibles a proteger, desde nuestra familia y la propia vida a un teléfono o computadora.

  • Detectar nuestras vulnerabilidades, que pueden ir desde contraseñas predecibles o celulares sin bloqueo a la seguridad de la residencia. 

  • Estimar el impacto de un daño. En la medida en que los proyectos son de mayor riesgo, mayores consecuencias puede tener, por ejemplo, el robo de un celular o una computadora.¿Qué puede suceder con estos datos? ¿Qué consecuencias puede tener para mis fuentes?

  • Evaluar un plan para evitar, mitigar o transferir los riesgos. Por ejemplo, guardar en un almacenamiento externo datos sensibles para la investigación, o anticipar mecanismos para eliminar información de un celular.

Es una realidad embarazosa, pero la mayoría de las personas tienen la misma clave para distintos sitios, aplicaciones y dispositivos. ¿Qué hace que una contraseña sea segura? Para Carvajal hay que considerar varios elementos: que sea única, larga, que combine números caracteres y símbolos, que no sea investigable –es decir, que no pueda ser rastreada por referencias personales– y que cambie periódicamente. A eso agrega una práctica bastante extendida: la autenticación en dos o tres pasos. De ese modo, aun cuando alguien roba una contraseña difícil de descifrar, debe probar un token de cuatro o cinco números en un período de tiempo muy breve. Por último, además del cuidado en las contraseñas, Carvajal recomienda revisar las políticas de seguridad, tener cuidado con las redes abiertas y siempre utilizar conexión VPN (red privada virtual) para no revelar el lugar de nuestra conexión.


Cómo contar una historia interesante

Según Óscar Martínez, periodista de El Salvador, la narración empieza en el terreno y la escritura es simplemente la actividad final. Para no caer en el papel de poeta frustrado hay que hacer una recolección ordenada y bien dirigida de lo que sucede en el territorio. Y para eso es necesario reflexionar sobre cómo y qué se observa. La inmersión, en este proceso, es clave. Bajo una condición: “Si pones el cuerpo es en función de explicar a los demás una experiencia colectiva”, dice Martínez. Si no se escribe con precisión, si no se registran olores, sensaciones, dolores, no hay empatía posible. Para eso son necesarios los detalles. Sin ellos no hay escenas. Y sin escenas no hay crónica. Pero, ¿cuáles son las estrategias más eficaces para captar aquello que sucede en el reporteo?


La libreta: es la mejor carta para el periodista solitario que, una vez vuelto del terreno, escribe a la noche sentado frente a su computadora y no ve puede ver ni sentir ni escuchar lo que pasó, pero puede revivir todo eso a partir de sus anotaciones. Lo mismo sucede con las metáforas: Martínez explica que las mejores son aquellas que se anotan en el terreno. Las metáforas elaboradas en la página en blanco, dice, suelen ser manidas o carecen de profundidad.


Las notas de voz: son buenas aliadas para captar rápidamente las sensaciones del momento, reflexiones, percepciones, palabras clave, incluso sonidos que ayudan a recrear territorios. 


Fotografía: las imágenes reconstruyen escenarios, personajes, impresiones. Un tatuaje, la mueca de un rostro, cualquier detalle significativo captado en una foto es un disparador para la escritura. 


Croquis: casi nadie los hace, pero diseñar y conceptualizar un territorio ayuda a dar sentido a la escritura. El croquis va más allá de la descripción planimétrica. También implica ordenar, jerarquizar, enfocar, dar sentido a la información. 

Una vez vuelto de la inmersión del reporteo queda pendiente el desafío de la escritura. Al respecto, Martínez da cinco consejos. 


Organizar la información: ¿Hemos atrapado al animal que dijimos que íbamos a cazar en nuestra pregunta inicial? Martínez propone una tabla de cuatro columnas para organizar la información y averiguar la respuesta. Una primera con fuentes, dividida entre aquellas que participaron en una escena y quienes no. Una segunda con documentos. Una tercera en la que se planifiquen las escenas, donde queda claro qué fuentes se convertirán en personajes, dónde está el conflicto y dónde los puntos de resolución. En la cuarta, los descubrimientos. Aquí Martínez es enfático: “si no hay descubrimientos, la crónica va a ser maluca”.


Tiempos verbales: una vez que están claras las premisas del texto, los recursos, el sentido de la  información recolectada, recién ahí empieza la estrategia ante la página en blanco. Primera pregunta: ¿cuántos tiempos verbales tendrá la investigación?, ¿cuál será el central? Martinez aclara que si se usa más de un tiempo verbal hay que tener en claro el por qué y en qué momentos se utiliza.  


Voces: ¿Cuándo y cómo usar las voces directas? Martínez advierte varios errores comunes. El primero: incluir una cita interminable de un académico que rompe el ritmo del texto. El segundo, enunciar algo e inmediatamente después utilizar una cita que dice lo mismo. “Repetir es perder el rumbo de un texto, a menos que sea a conciencia", dice. El tercero, no preguntarse qué papel jugarán las voces directas en nuestro texto.


El tono: podemos contar una historia de forma sarcástica. O tener un tono grave y editorializado. Podemos construir párrafos severos, con muchos puntos y seguido, como una seguidilla de jabs de boxeo. El único pecado es escribir un texto anodino.


Edición: Martinez dice que es indispensable matar la pereza del punto y final y volver a leerse, sin concesiones. Releer adjetivos, revisar las metáforas y quitar lo que no funcione. Chequear una y otra vez nombres propios, lugares, fechas. Después, solo después, tener una visión global crítica.


La ética en el oficio

Detrás de las investigaciones hay retos, preguntas, dilemas y motivaciones que conviene tener siempre en mente, aunque no aparezcan en el texto. “No podemos ser cien por ciento objetivos, pero sí honestos, balanceados” dice Irving Huerta, y plantea algunos grandes interrogantes éticos que hacen al oficio: ¿qué investigamos y por qué lo hacemos?, ¿cómo actuamos en el terreno?, ¿qué cuidado del otro y de nosotros mismos tenemos? Huerta destaca tres faros que deberían guiar cualquier investigación: el cuidado del otro, que las investigaciones sean de interés público y evitar dañar a las personas vulnerables.


Huerta explica que detrás de las investigaciones periodísticas suele haber dos tipos de motivaciones. Por un lado, aquellas externas a la historia y las personas: el reconocimiento, la presencia en redes sociales, los premios, el prestigio. Por otro, las motivaciones intrínsecas: el interés público del caso o que reviste para el reportero, perseguir a partir de esa historia un fin mayor. Ninguna de las dos es buena o mala en sí misma, pero es conveniente ser honesto a la hora de preguntarse para qué estamos haciendo lo que hacemos.


Tener en mente al otro cuando se reportea, se escribe y se publica es un punto indispensable adicional. Principalmente, con aquellos que están en riesgo. Preguntarse si determinada información puede afectar una investigación en curso, si alguna imagen usada sin consentimiento puede revictimizar a los protagonistas de una historia o qué repercusión puede tener lo que se publica forma parte de una misma premisa: evitar dañar a quienes son vulnerables.


El trauma vicario

La pregunta por las repercusiones también son válidas para el propio periodista. ¿Qué efectos en nosotros pueden tener las imágenes o el contenido que publicamos? Huerta explica que el sufrimiento por lo que le sucede a un tercero se puede hacer propio a través de distintas vías: una foto, un audio de voz, una carta leída en el transcurso de una investigación. Incluso trabajar con grandes bases de datos. “No es suficiente hacer trabajo de escritorio, pero en ese trabajo también nos tenemos que proteger porque podemos ser afectados”, dice. Entre las posibles consecuencias del trauma vicario se encuentran la ansiedad, la depresión, el estrés postraumático y el síndrome de burnout.


La verdad siempre es compleja

Pretender que del trabajo periodístico se revele una verdad única y lineal es una quimera. Porque las historias detrás de las investigaciones están lejos de ser binarias –donde sólo hay buenos y malos–, tienen varias dimensiones y están motivadas por distintos factores. Huerta dice que entender al otro, captar su punto de vista, es también entender que existen diferentes realidades y cosmovisiones. Por eso dar contexto, explicar razones y circunstancias es también un asunto ético.


Sobre los maestros:

María Teresa Ronderos (Colombia)

Es directora del Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP). Periodista investigativa colombiana y columnista del diario El Espectador. Publicó el libro ‘Guerras Recicladas’ (Random House, 2014), una investigación de largo aliento sobre el fenómeno paramilitar en Colombia, que se volvió un ‘best seller’ y le valió el Premio Simón Bolívar Periodista del Año. Ha escrito, entre otros libros, dos de perfiles: ‘Retratos del Poder’ (2002) y ‘5 en Humor’ (2007). Ha sido emprendedora de nuevos proyectos digitales, entre ellos, VerdadAbierta.com, Votebien.com y LaNota.com. Sus reportajes en profundidad le han valido varios reconocimientos, entre ellos el Premio Rey de España y el Lorenzo Natali de la Unión Europea por cobertura en Derechos Humanos. Fue finalista del Premio Ipys-Tilac a las mejores investigaciones latinoamericanas en tres ocasiones. Por su destacada carrera periodística, recibió el Premio Maria Moors Cabot en 2007; en 2020 fue distinguida, junto a un equipo de 16 periodistas de distintos países, con el Premio Ortega y Gasset en la categoría de Mejor Historia o Investigación Periodística.


Rigoberto Carvajal (Costa Rica)

Ingeniero de datos del CLIP. Es graduado del Instituto Tecnológico de Costa Rica como ingeniero en Computación, tiene una maestría en tecnologías de bases de datos de la Universidad Cenfotec y cuenta con una amplia experiencia en el desarrollo de software, administración y análisis de bases de datos. Su trabajo desde el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) hizo posible el desarrollo del proyecto Panamá Papers, que ganó un Premio Pulitzer en 2017.  Desde el 2010 trabaja para el mundo del periodismo de investigación.


Mago Torres (México)

Periodista investigativa. Es responsable de crear colaboraciones de datos para el CLIP. Tiene amplia experiencia desarrollando bases de datos ad-hoc e investigación especializada para proyectos colaborativos. Trabajó como investigadora de datos para ICIJ en los Panama Papers y para el GIJN como directora de investigación. Es directora del programa The Data-Driven Reporting Project para la Northwestern University, EE.UU, cofundadora de la red Periodistas de a pie, México, y tiene un Doctorado en Estudios Humanísticos especializado en Ética, emitido por la Universidad Tecnológico de Monterrey, Ciudad de México.


Óscar Martínez (El Salvador)

Es jefe de redacción del periódico El Faro (El Salvador), donde fue coordinador del proyecto En el camino y miembro fundador del proyecto Sala Negra, dedicado al periodismo de profundidad en migración, violencia y crimen organizado. Es autor del libro Los muertos y el periodista y del libro de crónicas Los migrantes que no importan. Es autor de A History of Violence y coautor del libro Crónicas negras, desde una región que no cuenta. En 2008 recibió en México el Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez. Es premio Nacional de Derechos Humanos por la Universidad José Simeón Cañas, ganador del Maria Moors Cabot y Premio Internacional a la Libertad de Prensa otorgado por el CPJ en 2016.


Irving Huerta (México/Reino Unido)

Periodista y académico. Actualmente es coordinador regional del Centre for Investigative Journalism de Reino Unido (CIJ) para América Latina. Colabora con el CIJ desde el 2017, cuando junto con la organización Forensic Architecture participó en el Proyecto 'Plataforma Ayotzinapa', sobre la desaparición forzada de 43 estudiantes normalistas en México. Anteriormente hizo investigaciones sobre rendición de cuentas, corrupción y crimen organizado; por ejemplo, el escándalo de la “Casa Blanca”, sobre una mansión de 7 millones de dólares propiedad del presidente mexicano, y los Panama Papers, una investigación colaborativa coordinada por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación que ganó el Premio Pulitzer. Tiene un doctorado en Política por la Universidad de Goldsmiths y es coordinador de las Escuelas de Datos de la Universidad de Cambridge.


Sobre el taller 

Este taller virtual tiene como objetivo brindar herramientas para fortalecer la práctica investigativa en Iberoamérica, a fin de favorecer la producción de historias de impacto e interés público sobre casos de abuso de poder, corrupción, crimen organizado, entre otras irregularidades sobre las que merece la pena poner el foco.

La actividad contempla cinco sesiones, de hasta dos horas y media cada una, en las que los participantes obtendrán aprendizajes para el desarrollo de investigaciones con base en soportes digitales, al igual que para el uso de metodologías y herramientas de verificación, procesamiento y visualización de datos e inteligencia de fuentes abiertas (OSINT). Así mismo, se abordan algunos de los dilemas más apremiantes de ética y seguridad que conllevan dichas investigaciones.



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