Cuando hubo comedia en el Palacio por Martín Casillas




Hacía tiempo que no gozaba tanto de una puesta en escena como la que dirigió Horacio Almada Anderson con el Ecomiástico poema a los años de la excelentísima condesa de Galve de Sor Juana Inés de la Cruz con Margarita González Ortiz como la Música y la batuta en el escenario con las Notas que revolotean a su alrededor para celebrar, de esa manera, el cumpleaños de doña Elvira, la condesa que llegó en 1688 a Chapultepec con don Gaspar de Sandoval Cerda Silva, conde de Galve, para tomar posesión como Virrey.

La puesta en escena es excelente, así como la adaptación del texto original con su propia jiribilla y el mismo sentido del humor que la comedia. Notable es la actuación de Margarita rodeada de las Notas musicales con egresados y becarios del Proyecto para Mejorar la Educación y para entrenarse en el teatro clásico, celebrando el cumpleaños de la condesa, tal como sucedió el 20 de octubre de 1689, cuando hubo comedia en el Palacio.

Dispuesto a disfrutar el ingenio y la gracia de Sor Juana, en la madurez de su vida, nos dice que la “belleza y edad componen al bello asombro de Elvira, aunque sólo la Música sea quien, con ecos numerosos, celebre su edad, si acaso no son sus números sordos.”

Y así empieza la fiesta y nosotros sonreímos al descubrir ese ingenio y sentido del humor, aunado a la sabiduría que tenía la monja jerónima de la música, las matemáticas y la poesía, que logra transformar las ideas en un giro tal, que intuimos los varios sentidos, a pesar de que lo hace en nuestras propias narices, cuando animosa, se expone a una empresa para que no se quede sólo en intento: “años y beldad de Elvira he de celebrar cómo es que, en una edad tan breve, hay beldad tanta, y cómo lo grande de uno, quepa en la pequeñez del otro”.

Y así juega todo el tiempo con lo que poco sabemos de música, pero que intuimos lo que ella sabe, asociando la aritmética con las notas y voces, para que uniendo “lo discreto con lo sonoro, mido el tiempo y la voz mido; aquel breve y espacioso; aquesta, intensa o remisa; y de uno y otro compongo aquel indefenso hechizo que ignorado de los ojos, sabe introducirse al alma y, dulcemente imperioso, arrebatar los afectos, proporcionando a sus modos ya el alterar sus quietudes, ya el quietar sus alborotos”.

Qué manera de explicar las causas y efectos de la música aprovechando el Do, Re, Mi, Fa, Sol, La y Si, antes de formar con cada letra un deseo feliz cuando finalmente las coloca en orden, en medio del desorden y desde la butaca leamos: “¡Viva Elvira sola; viva sola Elvira!” y, más adelante, lo complete diciéndole a la condesa que “viva con su ingenio, gozando, entendida, de viva lo propio que tiene de viva”.

Todo parece que las palabras las ha tomado de las notas del cuaderno pautado, para transcribirlas a los folios de su escritura con gracia y aparente desparpajo que, estoy seguro, la condesa ha de haber gozado como nosotros de esta representación y elogio cuando asistimos el martes pasado al Teatro de la Facultad de Arquitectura de la UNAM a la una de la tarde soleada, para luego salir a caminar por la esplanada majestuosa en ese espacio absolutamente impactante, sonriendo de tanto haber gozado del ingenio de Sor Juana en esta obra graciosa, divertida y culta en todos los sentidos.

Una pura gozada ver a Margarita como la Música en el escenario con las Voces a su alrededor, en una celebración que dice podría fracasar aunque, de todas maneras, triunfaría, pue es como “medir con Héctor las armas, bastó de Áyax al elogio; que el valor del vencedor deja al vencido glorioso”, jugando, como sabe hacerlo, ahora con La Eneida de Virgilio, antes de empezar la función con el pie derecho y provocar en el público una verdadera gozada.

A preparnos para celebrar la independencia,

Martín Casillas de Alba

Sábado 3 de septiembre, 2022.

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