Un programa para reconstruir a periodistas mexicanos trastocados por la violencia

Arturo Landeros, coordinador del programa que ya va por su cuarta edición, reconoció que desde entonces 16 periodistas han sido incorporados, pero también desde entonces la situación contra las y los periodistas mexicanos ha venido empeorando.






TOLUCA, Méx. (proceso.com.mx).-Reconstruir a periodistas mexicanos trastocados por la violencia, los ataques o las amenazas no ha sido sencillo para la Taula Per Méxiq, un programa impulsado por periodistas de Barcelona y su ayuntamiento en España, que a partir del 2017 comenzó a “extraer” periodistas de México bajo riesgo, para recomponerlos y salvarles la vida.

Arturo Landeros, coordinador del programa que ya va por su cuarta edición, reconoció que desde entonces 16 periodistas han sido incorporados, pero también desde entonces la situación contra las y los periodistas mexicanos ha venido empeorando.


Entrevistado tras concluir el Foro Internacional Periodismo y Construcción de Paz en México, en el cual se presentó la operatividad del programa, sus alcances y retos, Landeros evaluó un aumento en la violencia contra la prensa mexicana en casos donde no siempre está inmiscuido el crimen organizado y sí políticos locales, según la evaluación de los propios casos que ha captado la Taula Per Méxiq.

Esta realidad desmonta entonces el discurso oficial que atribuye al crimen organizado la mayor cantidad de los ataques a la prensa, advierte.

“La violencia –en México- va mutando, va siendo también otra que a veces también no logramos entender del todo, de las 16 personas que han venido al programa la mayoría vienen amenazadas por algún nivel de gobierno. Entonces eso tira también la retórica de que es el crimen organizado el que está atrás”, señaló Landeros.

Resalta que ante esta mutación de la violencia en México, La Taula Per Méxiq ha ido a su vez cambiando, adaptándose a las nuevas realidades para responder con mayor eficacia a las necesidades de las y los periodistas que son sustraídas para su auxilio.

Tan solo el último reporte de Artículo 19, una de las organizaciones participantes en el foro, este año ya suman 11 los periodistas asesinados, siete en 2021 y 156 desde el año 2000. Una tragedia que no para, coincidieron la mayoría de los ponentes.

Pedro Cárdenas, coordinador de documentación y seguimiento de casos de Artículo 19, refirió en el foro que a partir de 2009 el periodismo en México comienza a reportar signos de alarma con un aumento en las agresiones (con diez homicidios de periodistas en 2008 y alrededor de 200 incidentes documentados).


Para el 2021 ya se habían documentado 644 agresiones y se estima que puede haber una cifra negra de incidentes, periodistas que temen denunciar, y con niveles de impunidad que rondan el 98%.


Actualmente, señala Pedro, cada 14 horas se registra una agresión contra periodistas en México. Para dimensionar el tamaño del miedo recuerda la frase de una periodista de Veracruz: “La diferencia entre un país en guerra y México es que en el país en guerra siempre sabrás de donde viene la bala… en México nunca lo sabrás”.


Lucia Lagunes, presidenta de CIMAC, abundo en la nebulosa del periodismo mexicano.

En el caso de las mujeres periodistas en particular, éstas enfrentan peores condiciones pues además de la precariedad, la explotación y los riesgos que impone un ambiente generalizado de violencia, cargan con el estigma y la culpa de no poder cumplir con las tareas que culturalmente les han sido impuestas. ¿Quiénes cuidan en este país?, cuestiona.


Pues bien, cuando una mujer periodista bajo amenaza tiene que salir de sus espacios para salvar la vida, encima tiene que lidiar con la culpa de no estar ahí para cuidar a sus hijos o sus familias.


La culpa aparece. Un infierno personal a cargar, marcado por el género.


Lagunes recuerda que cuando CIMAC comenzó a documentar las agresiones contra mujeres periodistas en México, había desdén. “Porqué se cree que es poco importante, porque se cree que es una exageración, porque se cree que a las mujeres les encanta exagerar lo que están viviendo”. Pero no es así.


Refirió que de acuerdo con el primer informe de la relatora de Libertad de Expresión sobre violencia de las mujeres periodistas, hay tres elementos fundamentales que resaltan: invisibilidad de lo que ocurre con ellas, desprotección y desplazamiento.


Por otro lado cuestionó el hecho de que en 2018 el 30% de las personas acogidas por el Mecanismo Federal de Protección de Periodistas eran mujeres, actualmente solo son el 9%, no obstante que las estadísticas feminicidas van en aumento. Esto solo es reflejo, dijo, del “menosprecio social” de lo que ocurre con las mujeres en un país donde 11 mujeres son asesinadas cada 24 horas, sostiene.


Entonces, cuestionó Lagunes ¿Cuántas mujeres tienen que morir para que entonces el país completo entienda que es un problema social y no es un problema de las mujeres..?

Aseguró que exactamente ocurre lo mismo en el caso de la violencia contra mujeres periodistas, pues se cree que “el problema de la violencia contra mujeres periodistas no es un problema de libertad de expresión, no es un problema de democracia, no es un problema de justicia… es un problema de las mujeres periodistas… y no es así”, remató.

Antes bien el problema de la violencia contra las mujeres periodistas en México “es un problema político, social y de desproporción”, atajó, pues de otra manera no se explica la cifra en porcentajes entre mujeres y hombres acogidos al Mecanismo, indicó.


En el foro Daniela Pastrana, cofundadora de Periodistas de a Pie, hablo sobre la necesidad de reflexionar entre periodistas, de replantearse cómo hacer mejor periodismo y de manera más segura, de problematizar su falta de capacidad gremial para generar formas de organización, además de exponer el costado del periodismo mexicano: su dependencia a la publicidad gubernamental y ahora hasta comercial, así como de las formas de relación entre el poder y los medios en que estas formas relacionales degeneran hasta el punto de poner en peligro a las y los reporteros. Hay que seguir reflexionando, alienta.


Patricia Mayorga, corresponsal de Proceso, rasga la segunda mañana del foro con la noticia del asesinato de los padres Jesuitas en la Sierra Tarahumara, lo que por sí solo expone las condiciones de peligro continuo en que muchas colegas trabajan en zonas silenciadas por el crimen y la corrupción política. Antes Daniela Rea aborda sobre el derecho al silencio, al alejamiento, al auto aislamiento incluso de esas y esos periodistas mexicanos tocados por las violencias ajenas, por narrarlas, por exponerse a ellas.

La Taula Per Méxiq es entonces un canal de refugio para esas vidas.


Arturo Landeros dice que pronto serán 18 periodistas acogidos, la mayoría hombres, aunque más recientemente mujeres comenzaron a romper el cerco de la culpa y buscar recomponerse.


También reconoce que en su evaluación algunos de los territorios en México más peligrosos para hacer periodismo son Guerrero de donde han procedido cinco periodistas acogidos, Tamaulipas (2) y Sinaloa (2), un mapeo casi directo a partir del apoyo a periodistas víctimas de agresiones y violencias. En todos los casos no se trata de periodistas "rock star", advierte, sino de comunicadores de a pie, locales y en condiciones difíciles para ponerse a resguardo.


En la entrevista asegura que el programa ha comenzado a introducir un nuevo elemento para dotar de nuevas herramientas a los periodistas acogidos y para que estos vuelvan a sus lugares de origen con nuevas perspectivas. En este punto destacó el Periodismo de Paz en el que son introducidos por expertos, pues al final lo que se busca también es contribuir al país y que los periodistas que vuelven, lo hagan con nuevas miradas.

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