Dos amores tengo






Dos amores tengo es como empieza el Soneto 144 de Shakespeare que mucho tiempo después lo cantaba Josephine Baker: J'ai deux amours. Con esa misma idea Giuseppe Tomasi di Lampedusa escribió un ensayo en donde asegura que "cada uno de nosotros sabemos que los tenemos, ambos genuinos: uno oficial, declarado, conyugal, legal, admitido y convencional y, el otro, secreto, pecaminoso, adúltero, ilícito, sublime y clandestino!, tal como está publicado en "Amores subterráneos: Medida por medida" en The Siren and Slected Writings (The Harvill Press, 1964), un texto jugietón que me he permitido traducir para compartirlo con ustdes. Dice así:

El rey Luis XV tenía a su amante, la bella, elegante e intelectual Madame de Pompadour (que, digamos, no era legal, pero sí oficial); aunque también se divertía con otras ninfas que le proveían en el Parc aux Cerfs. Otros tienen sus harems públicos, aunque dicen que sus favoritos son Bartók, Brahms, Mozart y Wagner sabemos que se embelesan (sin que nadie lo sepa) con La viuda alegre. Por su parte, Chateaubriand admiraba a Béranger y a Baudelaire, aunque leía a escondidas las frpivolas novelas por entregas de Kock.

Mi esposa (intelectual) —dice Lampedusa— es Hamlet y mis amantes que manetngo públicamente con abrigos de Mink, coches de lujo y ribíes de Bulgari son: Cordelia (la hija consentida del rey Lear), Desdémona (la esposa de Otelo), Lady Macbeth (que ya la conocemos) y sir John Falstaff (que se sentía el padre putativo del príncipe Hal).

Pero, tambien mantengo en un poequeño departamento de los suburbios a una mujer que todo el mundo piensa que es una simple costurera, feliz de tener un coche pequeño, un abrigo de piel de conejo y algunas joyas baratas. ¡Ah!, pero cuando estoy con ella, Hamlet me parace frágil, Cordelia más bien fría, Desdémona un poco sosa, Lady Macbeth rápida con los dedos y, sir John, bueno, tal vez un poco panzón. Mi amor subterráneo es Medida por medida.

Si alguien me preguntara un día si las obras de Shakespeare fueron a desaparacer excepto una, ¿cuál sería la que salvaría? Primero, trataría de acabar con ese tipo que sugiere tales cosas y, si fallara, entonces, eventualmente escogería Medida por medida.

Espléndida, indefinible, es un gran poema, una obra difícil de clasificar porque es demasiado trágica para que sea una comedia y demasiado irónica para ser tragedia. Es una obra en donde encontramos los más bellos versos de poesía, alternando con la más ruda y fantasmal prosa, como este botón de muestra con lo que le dice el Duque a Claudio, el joven condenado a muerte:

No eres feliz, porque te esfuerzas en conseguir

lo que no tienes y, en cambio,

olvidas lo que tienes.

Esta obra se parace a la Pïedad Rondanini —dice Lampedusa— la última obra de Miguel Ángel, hecha con una salvaje delicadeza y con signos deslumbrantes.

Primero que nada, la trama que se lleva a acbo en una imaginaria Viena que se parece a la del Tercer hombre, tal vez porque Hraham Greene captó la atmósfera de esa obra, en donde se dan los eventos más abominables bajo la tutela de una rigurosa moral.

El honor de una jovencita embarazada y la cabeza de quien creen es culpable, asímcomo, la de otros inocentes, se negocía como si fueran acciones en la bolsa de valores: padrotes y procuradores de justicia explican sus razones con unas doradas y conmovedoras palabras.

Guardianes de la moral pública —por supuesto, hombres de lo más decentes— inmedros en la corrupción, se aprovechan de cada una de las situaciones.

La ciudad es fantasmal y contrasta con otras que conocemos en las obras de Shakespeare que siempre están abiertas y son amistosas, como Verona en Romeo y Julieta, Windsor en Las alegres comadres, Villa Messina, plena de sol y alegría en Mucho ruido, todas ellas soleadas nos dan la bienvenida.

Una vez que conocemos este ensayo juguetón, no podemos menos que decidir cuál es ese amoer secreto que ocultamos a los ojos de los demás.

Martín Casillas de Alba

Sábado 1 de octubre, 2022.

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